martes 7 de abril de 2009

El ejército revolucionario de Chihuahua y la División del Norte (1911-1915)

Introducción

En este ensayo trataremos de explicar las relaciones existentes entre las características de los revolucionarios que integraban la División del Norte y la naturaleza de sus demandas. Ya de por sí es una empresa difícil definir las características de la División, pues las leyendas dominan e impiden “mirar” lo que realmente fue e hizo. La tarea se nos facilita ya que hace no mucho se público un libro de Pedro Salmerón La División del Norte que se propone responder a la cuestión: ¿quiénes eran los villistas? No obstante su libro termina con la toma de Zacatecas. El autor hace ese corte temporal debido a que considera que a partir de ese momento la División del Norte pierde muchas de las características principales con su profesionalización. Friedrich Katz también hace cortes temporales, pero él llega a 1920. La periodización que hace es la siguiente:

1910-1911 La primera etapa es la que Villa era uno más de los jefes militares de Madero. Contaba con sólo unos pocos hombres. Quienes serian miembros destacados de su ejército aún no lo miraban como líder. Quizás el hecho más destacado sea la toma de Cd. Juárez.

1912-1913 A esta etapa corresponde el ejército desmovilizado por Madero. Algunos jefes locales de Chihuahua cumplían las funciones del ejército en las regiones que controlaban. Trataban de presionar para que la reforme que pedían se cumpliera. Villa fue recluido en la cárcel.

1913-1915 Comprende la etapa de estudio de Pedro Salmerón. Se funda la División del Norte, que elije como jefe a Villa. Sus miembros son hasta esa época voluntarios que poco a poco son seducidos por la fuerza del ejército rebelde y por su buena organización. Las Brigadas están compuestas por gente de las mismas comunidades. Los mayores triunfos ocurren en esta etapa. La mayor fue la toma de Zacatecas. Después de esta batalla la composición del ejército varió pues muchos de sus hombres ya no eran voluntarios sino federales que se integraban por temor a ser fusilados. Con la entrada de Ángeles el ejército se organizó de forma que fue adquiriendo las características de un ejército regular.

1916-1917. Después de la derrota de Villa, ocurrió un resurgimiento que no alcanzó la de los anteriores años gloriosos. Muchas veces obligaba a las comunidades a otorgar hombres para el ejército, lo que no lo volvía muy popular pues. De casi cien mil hombres que había tenido a su mando ahora sólo reclutó once mil, que no eran de a calidad de los anteriores.

1917-1920. Después de que nuevamente fue destruido debido a la superioridad militar de sus enemigos formó una guerra de guerrillas. Fue quizás la etapa más indisciplinada de su ejército y la que más se corresponde con la leyenda negra. Su brutalidad se atenuó con la llegada de Ángeles en 1919, no obstante su desprestigio no le permitió tener otro resurgimiento.

Con esta periodización queremos hacer notar que la composición del ejército durante sus 10 años de vida no fue estable, varió a lo largo del tiempo. Si pretendemos relacionar las características del ejército con las demandas que hacían debemos estar prevenidos ante los cambios: cambios de la composición del ejército, de la estrategia, del contexto y del líder.

El movimiento armado de Chihuahua

Lo que a primera vista resalta del movimiento chihuahuense es que junto con el movimiento zapatista tenía amplias bases entre los campesinos. Sin embargo se diferencia del movimiento morelense debido a la mayor heterogeneidad de las clases que secundaban a los campesinos pues Chihuahua era en ese momento uno de los estados más económicamente avanzados del país1. No sucedía lo mismo en Morelos donde las actividades se reducían al cultivo de la caña de azúcar lo que no contribuía en mucho al desarrollo de las ciudades. Quizás la mayor evidencia del desigual desarrollo de estas regiones sea la naturaleza de la disidencia antes de la Revolución. En Morelos el conflicto prerevolucionario se podía resumir como el que había “entre el puñado de hacendados azucareros y la multitud de dirigentes de los pueblos y rancherías, y de pequeños agricultores”2. El mayor conflicto que se dio fue la lucha por la gubernatura del Estado en 1909 en la que participaron Patricio Leyva, por la facción democrática y, Pablo Escandón por a facción de lo hacendados. La elección fomentó una campaña popular que politizó a los campesinos. Finalmente el triunfo fue obtenido por Escandón, por medio de un evidente fraude. El resultado de la aplicación de sus políticas, muy favorables a los de su clase, fueron los levantamientos campesinos de 19103. Aunque quienes al principio incitaron a la revuelta no eran campesinos sino jóvenes literatos de Cuernavaca que habían apoyado a Madero durante su campaña pronto su participación se vería opacada por la gente del campo. La historia y la naturaleza de la disidencia en Chihuahua es muy diferente. Quizás lo que influye en mayor grado para la existencia de esa diferencia sea la frontera, pues dio a los Chihuahuenses la posibilidad de ver y sentir otro mundo, muy diferente y al parecer más favorable. El cambio era palpable con sólo cruzar la frontera. La comparación que eran capaces de realizar ellos nunca la hubieran podido realizar los sureños. Los chihuahuenses estaban más dispuestos a ceder ante la modernidad, al ver sus beneficios. También podían expresar su disgusto con el régimen de diferente manera pues tenían otros parámetros comparativos. La mayor expresión de la disidencia antes de la revolución fue la revuelta magonista del 24 de junio de 19084. El discurso de este movimiento estaba dirigido a las víctimas de la industrialización más que a las de las haciendas. Su público estaba compuesto “por simpatizantes chicanos y mexicanos, cuya actividad era intermitente y que en su mayor parte eran artesanos y jornaleros de clase media”5 Las tácticas de su lucha reflejan su preocupación por brindar a su auditorio un discurso adecuado. Un discurso en el que se demandaba el derecho a huelga, el horario laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil, el derecho a organizar sindicatos, el pago en modena, la igualdad salarial entre mexicanos y estadounidenses y el uso del español en el trabajo. Pa lograr una mayor difusión de su mensaje le daban una gran importancia a la organización del partido. Otro de los canales por medio de los cuales formaban la ideología de sus partidarios era su periodico Regeneración. ¿Qué impacto podía tener ese periódico en las masas de los analfabetos chihuahuenses?6 Lo más lógico es pensar que no tenían intención de atraerse a ese público. Pero el esmero que pusieron en ganarse a otro tipo de auditorio y el relativo apoyo que obtuvieron revela que había más que solo campesinos en Chihuahua. Al lado de esta disidencia se encontraba otra que tenía ciertas similitudes con la de Morelos. Esta disidencia la encabezaban las antiguas comunidades militares que estaban amenazadas o que habían sido despojadas de sus propiedades contra el clan Creel-Terrazas. Su más importante manifestación fue la revuelta de Temóchic. El motivo es evidente: debían defender las tierras que habían ganado a fuerza de sacrificios. La justificación difería con respecto a la que daban los sureños para quienes las tierras les pertenecían debido al uso ancestral que habían hecho de ellas mientras que para los norteños, la legitimidad derivaba de la lucha que habían peleado sus padres. Así pues, visto panorámicamente y siguiendo algunas pistas, salta a la vista que en Chihuahua la población tenía ocupaciones más variadas y no se restringían solo al campo. Por otra parte los campesinos tenían demandas particulares que no coincidían con las de los sureños. Sin embargo ambos movimientos coincidían en una demanda fundamental: la autonomía municipal.

La autonomía municipal que demandaban los campesinos atentaba contra el Estado. Si uno de los elementos que constituyen al Estado es el territorio7 entonces la existencia de corporaciones que administran territorios dentro del Estado los convierte en sujetos antagónicos de éste ya que le disputan su poderío y le usurpan sus funciones al crear sociedades con intereses particulares dentro de la sociedad general. Es por ello que por definición están en contraposición a la configuración estatal. Los hacendados fueron un obstáculo para esta configuración, pues al poseer la tierra y administrarla tenían poder para imponer dentro de sus territorios sus propias reglas. La política de Díaz apuntaba a la supresión de los latifundios pero no logró suprimirlos aunque sí logó su alianza. Más débiles eran las comunidades, ante las que podía imponerse:

Acostumbrados a su aislamiento y orgullosos de él, los rancheros empezaron a resentir la presencia de un gobierno que quería, efectivamente gobernarlos, o cual empezó a preocuparles seriamente cuando las primeras muestras palpables del nuevo orden de cosas eran las presencia o la posibilidad de un rápido arribo de fuerzas militares que ya no estaban formadas por los ‘compañadores’ de los pueblos, sino por soldados profesionales enviados y pagados por ese centro remoto y hasta entonces casi inexistente para todo fin práctico ¡Ah! Y por supuesto, la presencia efectiva de recaudadores de impuestos8


Esta presencia fue tolerada debido a que percibían al Estado porfiriano como a un ente con enorme poder, al que no podían vencer. Guardaron ese resentimiento para un mejor momento. Ante esta situación los líderes agrarios surgieron para demandar al Estado el respeto de la posesión de sus tierras. Algunos de estos líderes serán después destacados generales: Maclovio y Luis Herrera, Calixto Contreras, Toribio Ortega, Prisciliano Silva… Ellos llenaban de cartas a la Presidencia e incluso hacían viajes a la capital con la esperanza de que el gobierno los apoyara9. El gobierno federal no podía hacer nada pues Chihuahua era el feudo de Creel y Terrazas y cualquier intento de intervenir le atraería problemas10. Una evidencia más de la debilidad del Estado aparentemente fuerte de Porfirio.

El norte tuvo la ventaja de que aunque sus habitantes siempre fueron celosos de su autonomía, cuando perdían sus tierras podían trabajar en Estados Unidos o podían emplearse en las empresas mineras aliviando un poco su situación. Es por este motivo que aunque cinco años antes del inicio de la Revolución el auge económico los alivió del hambre que pudieron sufrir después de la aplicación de la Ley Creel. En cambio después de la crisis de 1907 y las malas cosechas de 1908 la situación se tornó insoportable. Más insoportable era cuando los mexicanos que regresaban de Estados Unidos se sumaban a está situación. El problema de la tierra adquirió mayor relevancia pues ahora necesitaban toda la cosecha que producían para poder sobrevivir, si entregaban una parte a la hacienda se dejaba a alguien de la familia sin comer.

Estas circunstancias (ahora intensificadas) afectaban a otras clases de la sociedad. Cuando la clase dominante de los hacendados aprovechó algunos de los antiguos mecanismos de explotación y las adaptó a las necesidades del desarrollo capitalista de tal manera que obtenían grandes ganancias, lo que hacía era menoscaba el desarrollo de otras clases que paulatinamente fueron desarrollando gran repulsión por los hacendados. Éstos trataban al trabajador como mano de obra esclava cuyo trabajo era casi gratuito, al que pagaban en especie y al que le vendían sus mercancías de manera forzada a través de la tienda de raya. El monopolio que resultaba con estas acciones los beneficiaba sólo a ellos. Sin un mercado interno fuerte los tenderos no en capaces de expender sus negocios.11 Se limitaban a ofertar sus mercancías a los trabajadores industriales, cuyo salario era pírrico. En las ciudades se enfrentaban a la competencia extranjera frente a la cual no tenían ninguna oportunidad.

Hasta aquí hemos identificado tres grupos con intereses distintos. Los obreros de las fábricas que demandaban un salario igual al de los extranjeros, el pago en moneda y no en especie, y finalmente, el derecho de organizarse y hacer huelgas; otro grupo era el de los campesinos que reclamaban la devolución de las tierras y el último grupo, los tenderos, que se beneficiaban de las demandas anteriores -ya que al fin habría circulante y mercado para poder desarrollarse- pero a las que agregaban el fin de los privilegios a los extranjeros en materia comercial. Estos intereses coincidían en que era necesaria a destrucción del clan Creel-Terrazas pues sus demandas serían satisfechas pero no todos estaban dispuestos a pagar el precio de la realización ese hecho. Estos tres grupos fueron quienes conformaron y apoyaron a la División hasta 1915. Después de esa fecha para muchos ya no sería conveniente apoyarla debido a que la unidad que hasta esa fecha había logrado se había desmoronado debido a las ambiciones de algunos generales que pasaron al bando Carrancista: Maclovio y Luis Herrera, José Isabel Robles y Eugenio Aguirre Benavides. La gente tampoco se impresionaba por las victorias (ahora pocas y no tan espectaculares), la riqueza que habían disfrutado años antes como resultado de la intervención de las haciendas se halaba agotada por lo que no eran tangibles los beneficios de la guerra, finalmente, el apoyo de Estados Unidos ya estaba ausente12.

Mientras la apoyaban confiaban en que sus esperanzas serían realizadas. Villa no podía satisfacer sus demandas inmediatamente ya que “los imperativos de la guerra y la revolución determinaron, mucho más que cualquier oposición a la dirección general, el grado en que Villa podía realizar cambios y reformas”13. Durante la guerra era incapaz de satisfacer las demandas de reforma agraria porque las haciendas le proporcionaban las riquezas para comprar armas y para sostener a la ciudad con alimentos subsidiados por el gobierno. No obstante, otras demandas si fueron satisfechas, pues se restableció al autonomía municipal, la independencia de la federación14, y por fin, los tenderos tuvieron oportunidad de beneficiarse de la moneda que Villa emitía. Estos beneficios sólo fueron temporales puesto que como Villa no sabía economía, nunca tomó precauciones ante la política económica que llevó a cabo su gobierno. El que resultó más desastroso fue el de la inflación.

Con el ejército que Villa logró mantener por aproximadamente tres años (1912-1915) derrotó a las fuerzas orozquistas y a los federales encabezados por Victoriano Huerta. Fue la etapa en que tenía más claros cuáles eran los objetivos que debía perseguir a Revolución pues sus bases sociales le recordaban constantemente los problemas que padecían y por los cuales se habían lanzado a la lucha. Se lo recordaban cuando los villistas entraban a las poblaciones de los pueblos y muchos se alistaban en su ejército sabiendo que así se ganaban la dotación de las tierras necesarias para vivir. El ideal, no era, como en el sur, una parcela con la cual practicar una agricultura de autoconsumo pues estaban demasiado cerca de los Estados Unidos para darse cuenta de las desventajas que ese tipo de prácticas les traería y, en cambio, se daban cuenta del enorme éxito de la agricultura mecanizada. El ideal que tenían se acercaba al que tenía Villa: “Para Villa el problema agrario no era un problema de pueblos y de comunidades, como para Zapata, ni siquiera, como también para los zapatistas, una manera de trámite para llegar a establecer la verdadera propiedad, el problema agrario era el de la pequeña propiedad”15. El ideal de las colonias militares, quizás sólo lo compartía con los miembros de las antiguas colonias militares, pues los trabajadores de las minas y los tenderos no tenían esa tradición.

El movimiento villista extrañó la ausencia de los intelectuales, pues sin ellos el movimiento no estaba ideologizado y la unidad sólo se lograba por el carisma del jefe. Esta ausencia de los intelectuales parecería extraña en vista del mucho interés que Villa ponía en la educación. Los pensadores radicales que podían interesarse en él estaban decepcionados de su comportamiento “salvaje” o de su falta de tacto político. Así ocurría con lo hermanos Flores Magón, quienes sentían un gran desprecio por él por debido a que había arrestado a una parte de sus partidarios en Guadalupe, Chihuahua por orden de Madero. Pero el factor más importante es que la Revolución mexicana no tuvo líderes intelectuales que también tuvieran una educación militar como en el caso de la Revolución rusa, con Trotsky, Lenin y Stalin y la Revolución Cubana con Fidel Castro y el “Che”. Los civiles no podían tener mucha influencia en circunstancias en las que las armas y no tanto los argumentos, tenían mayor poder. Quien más se acercó a este modelo fue Felipe Ángeles, pero no tenía bases sociales propias. Era un subordinado al que Villa no escuchó en momentos decisivos, al negarse tomar Veracruz en 1914, al atacar las trincheras de Celaya en 1915, o al atacar Ciudad Juárez en 1919. Finalmente fueron los oídos sordos de Villa los que finalmente llevarían a Ángeles a la muerte al ser capturado y fusilado por los carrancistas.

Hasta 1915, las demandas de la División del Norte se centraron en la reforma agraria. Después de las derrotas decisivas de 1915 el movimiento perdió sentido pues no tenía una justificación que legitimara el movimiento. A diferencia de los carrancistas que pretendían ser la continuación de la legalidad usurpada por Huerta, los villistas no tenían una elaborada justificación de su lucha. La Convención de Aguascalientes, resultó ser un fracaso, pues las divisiones entre las facciones y sobre todo, el poco apoyo que le dio Villa llevaron a Eulalio Gutiérrez a pasarse al lado carrancista. Después de la promulgación del decreto del 6 de enero de 1915, en la que Carranza establecía la reforma agraria, Villa ya no tenía por qué pelear. Su única justificación podía ser el incumplimiento de los decretos ya que en México continuaba la tradición Colonial “acátese pero no se cumpla”. Pronto se vio decreto tenía validez oficial, el mismo Carranza empezó a devolver las tierras al los hacendados, aún cuando su decreto se elevó a rango Constitucional16. Aunque Madero, Huerta y Carranza habían buscado la legitimidad a través de los papeles; los campesinos, los obreros, y algunos intelectuales radicales no se la reconocían debido a que no emprendía ninguna acción que los beneficiara, como sí había hecho Villa durante su gobierno en Chihuahua. Pero poco a poco la gente que se resistía al reconocimiento de Carranza iba disminuyendo pues los intereses habían cambiado. Chihuahua había sido uno de los estados que había sido un importante centro de las operaciones revolucionarias y uno en donde se libraron varias batallas, por lo que sus medios de producción habían sido muy dañados. La riqueza que se había acumulado durante el Porfiriato terminó en 1915 y con ella también culminó el bienestar que había logrado la población. Muchos extrañaban el paternalismo de los hacendados, que en tiempos de carestía les otorgaba el sustento necesario. Pero ahora, nadie se los podía otorgar. Las empresas extranjeras habían salido del país y ya nadie podía emplearse en ellas. Naturalmente los tenderos no podían vender mucho. La última solución: ir a Estados Unidos era muy riesgosa pues podían ser reclutados para luchar en la Gran Guerra. Buscaban la paz a toda costa y eso les ofrecía Carranza, quien era el que finalmente había ganado la guerra.

Los últimos años de la vida guerrillera de Villa, de 1915 a 1920 fueron muy mal aprovechados pues no aprendió mucho de sus derrotas en Celaya y volvió a cometer los mismos errores a pesar de las advertencias que Ángeles le hacía. Su ejército ahora estaba compuesto por lo que quedaban de sus Dorados, y por reclutas que forzadamente eran incorporados. Cayó en una decadencia moral tal que dejó que en 1919 sus soldados violaran a las mujeres de Temosáchic. Tal acción habría le habría costado la vida antes de 1915. Perdió todo el apoyo popular.


Conclusión.

Periodizar al ejercito de Villa es indispensable para poder observar que hubo varios ejércitos revolucionarios en Chihuahua, el más importante de los cuales fue la División del Norte, que coincide con el periodo de mayor apogeo de Chihuahua en la Revolución y también con la existencia de un proyecto (el gobierno de Chihuahua) que rivalizaba con el de Huerta y el de Carranza. Durante esta etapa los intereses de los revolucionarios chihuahuanses fueron parcialmente cumplidos. Finalmente, después de 1915 el proyectó fracaso debido a diversas circunstancias: los muchos soldados a los que se debía mantener, la larga guerra, el conflicto con la venta del ganado que era propiedad de los Terrazas que éste se negaba a perder y las rivalidades entre el grupo que gobernaba (Villa, Chao, los Aguirre Benavides, la insubordinación de Tomás Urbina…). Estas circunstancias tuvieron como consecuencia la insustentabilidad del proyecto. El ejército que después se formó, no logró tener ni la fuerza ni la justificación ideológica que lo legitimaran. Sus demandas por tanto, ya no fueron atractivas para la población cansada de guerras. En mi opinión la División del Norte (1913-1915) y sus integrantes fueron quienes tenían el mejor proyecto revolucionario de Chihuahua aunque lamentablemente fracasó.


1 Katz, Villa en sus imágenes, p. 20

2 John Womack, Zapata y la revolución Mexicana, p. 12.

3 Ibidem, 36.

4 Pedro Salmerón, La División del Norte p. 174.

5 Juan Gómez-Quiñones, Las ideas políticas de Ricardo Flores Magón, p. 37.

6 Al respecto, Friedrich Katz señala en relación a El correo de Chihuahua y El Periódico Oficial del Estado de Chihuahua, “No está claro hasta qué punto un diario podía influir en un estado en el que la mayoría de la población (la que constituía l grueso de los partidarios de Villa) era analfabeta” Pancho Villa, I, pp. 480.

7 Los otros dos elementos son la población y el gobierno

8 Pedro Salmerón, La División del Norte, p.39

9 Es el caso de Talamante, quien fue a la capital en 1909 representando a Janos para solicitar que sus tierras le fueran devueltas, pues habían sufrido el despojo del clan Creel-Terrazas. , Friedrich Katz, Pancho Villa, I, p. 51-54.

10 Janos logró por un breve tiempo el apoyo del gobierno federal, La Ley de Creel de 1905, que declaraba que el gobernador tenía facultades para repartir la tierra deslindada, fue declarada anticonstitucional (La declaración no fue hecha públicamente). Creel reaccionó amenazando al gobierno de tal manera que Andrés Aldasoro, el subsecretario de la Secretaria de Fomento, quien era el que estaba llevando el caso se fue de viaje a Europa. Ibidem, I, p. 53.

11 Ibidem, I, p 60.

12. Ibidem, I, p. 450.

13 Ibidem, I, p. 454

14 Ibidem, I, p. 238.

15 Arnaldo Córdova, La Ideología de la Revolución Mexicana, p. 159.

16 Carranza empezó a devolver las haciendas porque creía que de otra manera el campo mexicano se estancaría, pues ni el ejido, no la mediana o pequeña propiedad tenían oportunidad de competir con el extranjero. Friedrich Katz, Pancho Villa, II, p. 246.



Bibliografía:

CÓRDOVA, Arnaldo, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1973.

GÓMEZ-QUIÑONES, Juan, Las ideas políticas de Ricardo Flores Magón, México, Era, 1977.

KATZ, Friedrich, Pancho Villa, México, Era, 1998, ii tt.

-------------------- Imágenes de Pancho Villa, México, Era/CONCULTA/INAH, 1999:2000.

SALMERÓN, Pedro, La División del Norte. Los hombres, las razones, y la historia de un ejército del pueblo, México, Planeta, 2006.

WOMACK, John, Zapata y la Revolución Mexicana, 13 ed., México, Siglo xix, 1984.


martes 3 de marzo de 2009

La desamortizaciòn de los bienes del clero y la modernizaciòn mexicana.


Felipe Villegas Rojas

e-mail: leontro@gmail.com

Para nosotros la modernidad es un fenómeno que está estrechamente ligado al desarrollo de la industrialización puesto que son las relaciones que se generan en este tipo de sociedad las que alimentan una determinada forma de concebir el mundo en la que el

Hombre [es] un ser puramente destructivo: destructivo de lo Otro, cuando ello no cabe dentro de la Naturaleza (como ‘cúmulo de recursos para lo humano’), y destructivo de sí mismo, cuando él mismo es “natural” (material, corporal, animal), y no cabe dentro de lo que se ha humanizado a través del trabajo técnico ‘productivo’[1]

Entre la modernidad y la industrialización existe una relación de afinidad electiva[2]. Cuando el elemento material o el elemento ‘ideal’ está ausente existe un desarrollo anómalo del capitalismo. En México la Iglesia era una institución que representaba un freno al desarrollo en dos aspectos fundamentales: en su relación con el Estado y en su función de barrera ante el proceso de acumulación originaria. En este ensayo trataremos de argumentar cómo es que la configuración de un Estado secular favoreció el advenimiento y desarrollo de la modernidad en México.

Las corporaciones y el Estado

Hasta la implementación de las Reformas borbónicas la Iglesia era, al lado de la burocracia, uno de los sustentos de la Corona pues era la que generaba la ideología para justificar la existencia del Rey y de la conquista. Debido a sus funciones fue favorecida por la Corona

Las riquezas de la Iglesia se originan en mercedes de la Corona, diezmos, impuestos, legados y donativos que pagaban españoles y mestizos, y las cofradías de los indios y castas. Aun cuando algunos de sus empresas funcionaban con cánones semicapitalistas, están sometidos a finalidades extraeconómicas (perpetuación de la Iglesia, etc.) que le otorgaban ese carácter de manos muertas que había de concentrar contra ellas la acción de los liberales después de la Independencia [3]

Hubo entre la Iglesia y la Corona una alianza que sólo sería rota por los efectos de la Consolidación de Vales Reales en 1804 y por el apoyo que la clase media y los hacendados otorgaron al Estado durante las leyes de Reforma[4]. Vislumbramos un proceso largo que comienza con la Consolidación y que no terminará sino hasta 1910 cuando las Leyes de reforma ya han sido cumplidas.

A fines del siglo xvii la Corona española estaba en un proceso en el que no sólo buscaba la consolidación del dominio de sus recursos sino también buscaba el dominio del monopolio de la violencia y de las funciones administrativas[5]. Para ello necesitaba debilitar a aquellos que usaban el gobierno para beneficio propio. El 1754 terminó el contrato con el Consulado, el cual concedía a éste la recolección de alcabalas; en 1786 establecieron a los intendentes en detrimento de los alcaldes mayores, aliados de los grandes mercaderes; y en 1798 se decretó el comercio libre. Con estas medidas se dio término a la época de las utilidades monopolísticas y el dinero se invirtió en actividades productiva pues resultaban más rentables que el comercio[6]. Ese era un primer paso a la modernización.

Sin embargo la modernización tropezaba con una gran dificultad pues el territorio no estaba bien controlado por el Estado. Si uno de los elementos que constituyen al Estado es el territorio[7] entonces la existencia de corporaciones que administran territorios dentro del Estado los convierte en sujetos antagónicos de éste ya que le disputan su poderío y le usurpan sus funciones al crear sociedades con intereses particulares dentro de la sociedad general. Es por ello que por definición están en contraposición a la configuración estatal. Esta observación es importante puesto que hay autores que señalan que

su primer papel económico [de la Iglesia] no era el de terrateniente, sino de proveedor de hipotecas o gravámenes de los fondos piadosos que capellanías, administradas en cada diócesis por el Juzgado de Capellanías y Obras Pías[8]

Olvidan que el sólo hecho de poseer la tierra y administrarla les da poder para imponer dentro de sus territorios sus propias reglas. El poder económico lo da la tierra por sí mima, puesto que tiene valor por sí misma. La política del gobierno borbónico apuntaba a la supresión de este poder que competía con el de él. Pero la Iglesia no estaba sola, durante los dos siglos en que había ejercido su influencia había hecho aliados entre quienes se encontraban los comerciantes, mineros, y hacendados más influyentes de la Nueva España pues estaban ligados a ella por los préstamos que les había otorgado[9].

La Iglesia y sus aliados estaban recibiendo graves daños por parte del gobierno central. No obstante no podían dejar de apoyarlo pues era el que legitimaba y el que protegía sus privilegios seculares[10]. A lo largo del movimiento independentista sus posiciones fluctuaron hasta que en 1821 decidieron apoyar al movimiento insurgente en vista de que el asalto de la modernidad había llegado a España con la Constitución de Cádiz, la cual afectaba sus privilegios. Con la Independencia, la Iglesia creía tener oportunidad para hacer sentir su influencia y proteger su antiguo estatus. Si “el modo de producción despótico tributario había desaparecido con esta guerra” [11] hacia falta otra para que la propiedad privada del hacendado obtuviera la hegemonía sobre la Iglesia.

Desde la Independencia en México hubo una situación en la que la desconfianza dominaba el ambiente pues en ausencia de instituciones no había certidumbre en cuanto a la administración de la economía, ni en la seguridad de la propiedad, ni había una estructura estable de la interacción humana[12]. Esta situación se afianzaba debido a que el Estado, ya de por sí débil, salió más debilitado de la guerra. “La Iglesia no ayudaba ni con sermones ni con préstamos al gobierno”[13]. Cada vez que este trataba de abolir sus privilegios ella lo atacaba, pues no estaba dispuesta a sufrir lo que en Francia o España. Su grupo, como el de los liberales, tenían en mente lo que sucedía en Europa cuyo modelo económico, que buscaba ser implantado aquí, necesitaba de la individualidad y de la propiedad privada para serlo con éxito:

La población no puede progresar ni el hombre adivinar aquel noble orgullo que lo hace capaz de todo género de empresas sino por el sometimiento de la propiedad privada y de la independencia personal[14]

Lo que en realidad se estaba justificando era la necesidad de crear las bases para la existencia de un Estado liberal, puesto que sólo los individuos con propiedad podían crear un pacto social que diera fuerza a la nueva institución.

La acumulación originaria.

El desarrollo de la Industrialización es largo y necesita de mano de obra libre. Para ello es necesario que se constituya la propiedad capitalista de los medios de producción entablando un proceso de divorcio entre el productor directo y los medios de producción[15]. En México lo anterior se traducía en la lucha del hacendado contra la Iglesia y la comunidad campesina. Sólo hasta el final del proceso puede hablarse de un incipiente proceso de modernización puesto que la experiencia que los seres humanos van adquiriendo en este proceso los lleva a tener una concepción del mundo radicalmente diferente de quienes no sufrieron una situación así[16]. Es por ello que las ideas de la modernidad tienen una asimilación diferente a los lugares de origen donde el modernismo estaba acorde con la modernización. El ensayo de Annick Lempérière[17] revela cómo fue que las ideas modernas fueron asimiladas por la sociedad colonial en crisis: el bien común significaba la salvación de las almas no el mayor desempeño de la economía; gobernar era “conducir según el derecho divino y humano, con justicia según los preceptos cristianos”, no era el producto de un consenso o de un pacto. En la “Disertación sobre la naturaleza y aplicación de las rentas y bienes eclesiásticos” Mora crea un discurso totalmente moderno puesto que concibe “que la Iglesia sólo puede disfrutar de bienes no como cuerpo místico sino como comunidad política”[18], es decir sus derechos de propiedad están sujetos a la existencia y reglamentación que le proporcione la sociedad civil a través del Estado. Logra construir este discurso por la influencia que tiene en él el modelo europeo que ha asimilado a través de sus lecturas. Entonces propone un modelo exitoso que ha resultado en otro lugar y que espera que también opere en México. Pero a diferencia de Europa la nación mexicana surgió como nación por la desarticulación del Estado español “la misma fuga precipitada de riquezas no es más que el punto culminante de un largo proceso de desacumulación: es el acto último con el que el colonizador concluye su misión civilizatoria”[19] Mora no percibe esta diferencia, o quizás no le da la suficiente importancia al caer presa del canto de la sirena liberal.

Podría afirmarse que el Estado, siendo aún tan débil, se enfrentó a la Iglesia porque las circunstancias así se lo exigían, pues después de la guerra heredó de la Colonia la bancarrota hacendaria la cual se intensificó con los conflictos internos y las intervenciones extranjeras. Si bien Iturbide abolió algunas contribuciones de la guerra para ganarse adeptos a la Independencia[20] y se sacrificaron los impuestos a la minería y al comercio para reanimar el comercio[21] las medidas duraron poco tiempo y resultaron ineficaces. Aún con otras medidas que tomaron los gobiernos posteriores no se logró recaudar el dinero necesario para el mantenimiento del gobierno. Ante esta situación los bienes de la Iglesia parecían una salida prometedora. De aquí se sigue que fueron las necesidades fiscales del naciente Estado mexicano las que obligaron prematuramente a desamortizar los bienes de la Iglesia, pero ahora justificando tal acción no como derecho del Rey sino como derecho de la sociedad representada por el Estado, la nueva soberanía.

Michel Costeloe hace una afirmación que aunque aplicada a la Primera República bien puede aplicarse al periodo de 1821 a 1876 “la política está dominada por la ambición personal”[22]. Ante la inestabilidad de las instituciones las necesidades fiscales fueron satisfechas sin reglas claras que establecieran la forma en que se realizarían. Las reglas que habían no estaban garantizadas. Ocurrió lo que tanto temía Mora.

es necesario convenir en que sería la operación más ruinosa poner a la vez en una venta rigurosa los bienes de manos muertas sacándolos a hasta (sic) pública, pues por sólo este hecho su valor quedaría muy abatido, no habría caudales con que pagarla y se daría lugar al agio que por fortuna va desapareciendo aunque muy lentamente de nuestro suelo, de esta manera se cargaría con toda la odiosidad de la ocupación, sin amortizar la deuda, y la utilidad la reportaría, no el público, sino tres o cuatro casas que están en posesión hace muchos años de absorber las rentas nacionales y secar todas las fuentes de prosperidad pública[23]

No obstante a que Jan Bazant haya estudiado y demostrado que en Puebla la desamortización favoreció a los sectores populares[24], en Veracruz los beneficiarios fueron la clase media[25] y en México los inquilinos[26], en contraste con la afirmación de Mora, no es menos cierto que la Reforma no creó pequeños propietarios sino más bien, favoreció a los terratenientes y con ello contribuyó al desarrollo de una estructura feudalizante y no al desarrollo del capitalismo puesto que “las previsiones sobre la libertad individual atacaban los votos monásticos pero no ayudaban a los peones abatidos por las deudas y las haciendas”[27]. El Estado al no haber logrado crear pequeños propietarios contribuyó a consolidar su debilidad pues al repartir grandes proporciones de su territorio a sólo un propietario le otorgó poder a éste: desplazó el poder de la Iglesia a los terratenientes latifundistas. Si antes la Iglesia era el rival del Estado, ahora lo eran los hacendados. La diferencia radicaba en que antes era una sólida institución la que le disputaba su poder y ahora eran varios propietarios que estaban unidos por su pertenencia a una misma clase social. Pero ¿será este cambio el que indique los indicios de la modernización?

La ideología de la modernidad sólo puede ser entendida y más o menos aplicada en un contexto moderno. Si bien

cada uno de ellos [de los hacendados] demostró un deseo primordial de maximizar los ingresos y minimizar los costos de producción. [y] Durante los periodos de prosperidad, los propietarios de las haciendas invertían en sus operaciones, experimentaban nuevos cultivos y métodos y buscaban y buscaban nuevos mercados[28]

no había razones suficientes para la gestación de la modernidad pues los métodos que los hacendados usaban para producir no eran capitalistas y, sobre todo, la fuerza de trabajo estaba ligado a ellos por relaciones extraeconómicas. La antigua clase dominante aprovechó algunos de los pasados mecanismos de explotación y los adaptó a las necesidades del desarrollo capitalista, de tal manera que resultaba que se obtenían ganancias enormes porque a los trabajadores no se les daban las garantías que en Europa habían conculcado pues se les siguió considerando como una especie de siervos cuyo trabajo era gratuito pero que no tenían las garantías que gozaba éstos, pues no tenían un señor que les proporcionara la tierra a cambio de que trabajasen para él, sino un “patrón” ( y aquí el lenguaje refleja la naturaleza de las relaciones que existen entre el dueño de los medios de producción y el trabajador pues patrón significa protector, amo, dueño…) que no le garantizaba nada más que un salario con el cual apenas podían vivir[29].

Conclusión

Este ensayo hace énfasis en la debilidad del Estado, la cual contribuyó a que de la secularización se aprovecharan sólo algunos terratenientes que tenían relaciones con el gobierno (Limantour, los Escandón, etc.). La legislación dictó para la realización de las reformas sólo pudo ser seguida allí donde el Estado era más o menos fuerte, es decir en

“las zonas urbanas, los puertos y los centro mineros. En el México rural, donde la mayoría de la gente vivía y trabajaba la tierra, el gobierno sólo penetró - si acaso- imperfectamente. La única presencia era la Iglesia, pero aún ésta, con escasos 3000 sacerdotes sólo esporádicamente extendió su ámbito más allá de las cabeceras”[30]

Esta situación generó, a largo plazo, que algunas de las tierras le fueran devueltas a la Iglesia en forma de contentas[31]. Generó también disputas por los recursos fiscales que se podían obtener, pues la jurisdicción entre los Estados y la Federación no estaba clara. Y, quizás lo más importante, a largo plazo tampoco logró que proliferaran los pequeños propietarios. En lugar de ello se consolidaron grandes propietarios que no se interesaron por invertir en la industrialización del país pues no existía mano de obra libre que apoyara un proceso así. Como ya vimos no hubo mercado interno pues los peones estaban sujetos a las haciendas. La mano de obra no salía al mercado como mercancía. Sin ese requisito no hay capitalismo y sin el capitalismo no puede concebirse la modernidad. Admitiendo lo anterior, ¿entonces concluiremos que la creación de un Estado secular no benefició al desarrollo de la modernidad? No, en realidad creo que si bien los terratenientes no lo fomentaban, la Iglesia ya no era la rival que antes fue para el Estado y, sobre todo, ya no podía ejercer la influencia de antaño. Por lo tanto ya no había clases que estuvieran legalmente privilegiadas y había la posibilidad de crear conocimiento científico, que disintiera de la teología católica. Ello habría un camino en el que la modernidad entrase más fácilmente.



[1] [1] Bolívar Echeverría, “Modernidad y capitalismo (15 tesis)” en Las ilusiones de la modernidad, p. 139.

[2] [2] Usamos el concepto con el sentido que le da Max Weber: “Las precondiciones materiales para el desarrollo del capitalismo fueron suficientes y necesarias sólo si se combinaban con una precondición ‘ideal’ adicional: la santificación del trabajo mediante una vocación [aquí sustituimos por: el querer ser. N o cambia el sentido del concepto] y recíprocamente las precondiciones ideales fueron necesarias y suficientes sólo cuando se combinaban con las precondiciones materiales relevantes” Francisco Gil Villegas, “Prólogo” en Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, p. 13.

[3] Enrique Semo, Historia del capitalismo en México, p. 115-116.

[4] [4] Jan Bazant, Los bienes de la Iglesia en México (1856-1875), p. 276.

[5] [5] Jonh H. Coastworth, “Límites del absolutismo colonial” en Los orígenes del atraso. Nueve ensayo de historia económica de México en los siglos xviii y xix, p. 52-55.

[6] [6] David A. Briding, Mineros y comerciantes en el México borbónico, 1763-1810, p. 162.

[7] [7] Los otros dos elementos son la población y el gobierno

[8] [8] Brian Hamnet “Absolutismo ilustrado” en Interpretaciones del siglo xviii novohispano, p. 102.

[9] [9] Carlos Marichal, La bancarrota del virreinato. Nueva España y las finanzas del imperio español, 1780-1810. p. 166-167.

[10] [10] Carlos Marichal “La bancarrota del virreinato. finanzas, guerra, y política en la Nueva España, 1770-1808” en Interpretaciones del siglo xviii novohispano, p. 186.

[11] [11] Enrique Semo, op. cit., p. 260.

[12] [12] Douglas C. North, Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, p. 16.

[13] [13] Michel Costeloe, La primera República Federal de México (1824-1835), p. 277

[14] [14] José María Luis Mora, “El clero durante la Colonia” en El clero, el Estado y la economía nacional, p. 48.

[15] [15] Agustín Cueva, El desarrollo del capitalismo en América Latina, p. 65.

[16] [16] Sólo basta con pensar en lo que les sucedía a los campesinos antes de la existencia de la ciudad. Debido a que no había una industria desarrollada no podían irse a las ciudades y convertirse en obraros. No tenían más opción que vivir en una situación de semiesclavitud.

[17] [17] Annick Lempérière, “Reflexiones sobre la terminología política del liberalismo” en Construcción de la legitimidad política en México, Brian Connaughton, Carlos Illades, y Sonia Pérez (coords.), p. BUSCAR.

[18] [18] José María Luis Mora, “Propiedad territorial y diezmos en la Colonia” en Ibíd., p. 82.

[19] [19] Agustín Cueva, op. cit., p. 14.

[20] [20] Leonor Ludlow, “Élites y finanzas públicas dotante la gestación del estado independiente” en José Antonio Serrano Ortega, Luis Jáuregui (editores), Hacienda y política, Las finanzas públicas y los grupos de poder en la primera República Federal Mexicana, p. 83.

[21] [21] Ibíd., p. 87. Por supuesto los principales beneficiarios de esta medida fueron los mercaderes puesto que ahora el comercio volvía a ser rentable. En detrimento de la producción local se benefició la importación. La teoría de North se aplica puesto que si “las instituciones afectan el desempeño debido a su efecto sobre los costos de producción “, Ibíd. p. 16 entonces resultaba más rentable vender las mercancías extranjeras a un precio inflado que invertir en la producción nacional pues la Revolución Industrial había hecho a los productos extranjeros, sobre todo británicos, sumamente baratos. la producción nacional simplemente no podía competir. De 1824 a 1835, según Marichal, “en la primera etapa del federalismo fiscal se mantuvo una estructura fiscal con un fuerte raigambre colonial, en el que dominaban los impuestos por cuenta de alcabalas, y los impuestos sobre el consumo”, “NOMBRE DEL ARTÍCULO” en José Antonio Serrano Ortega, Luis Jáuregui (editores), Hacienda y política, Las finanzas públicas y los grupos de poder en la primera República Federal Mexicana, p. 176. El régimen fiscal revela que la producción no era la prioridad del gobierno. La modernización estaba lejos de ser una finalidad.

[22] [22] Michel Costeloe, op. cit., p. 57.

[23] [23] José María Luis Mora, “Disertación sobre la naturaleza y aplicación de las rentas y bienes eclesiásticos”, p. 39.

[24] [24] Jan Bazant, op. cit., p.71.

[25] [25] Ibíd., p. 76.

[26] [26] Ibíd., p. 124.

[27] [27] Robert J. Knowlton, Los bienes del clero y la Reforma mexicana, 1856-1910, p. 70.

[28] [28] Jonh H. Coastworth, “Obstáculos al desarrollo económico” en Los orígenes del atraso. Nueve ensayo de historia económica de México en los siglos xviii y xix, p. 88.

[29] [29] Quizás aquí sea posible comparar el caso mexicano con el caso inglés. En el caso inglés hablar de individualismo tenía sentido pues “el libre ejercicio del talento individual producía los más extraordinarios resultados”. Quizás el mayor ejemplo de ello sea Thomas Newcomen (1664-1729), uno de los más grandes perfeccionadores de la máquina de vapor. En cambio en México el talento individual no era incentivado,

[30] [30] Jonh H. Coastworth, “Límites del absolutismo colonial” en Los orígenes del atraso. Nueve ensayo de historia económica de México en los siglos xviii y xix, p. 52.

[31] [31] Robert J. Knowlton, Ibíd., p. 216.


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